Ahí está el hombre. Impertérrito al paso de los años. Con su nariz chafada. Llueva, nieve… Con “santa paciencia” (quizá por eso a la plaza a sus pies le llaman la plaza del santo).
A este monarca (el sexto de los Fernandos) le gustaba pasearse por aquí; de ahí viene el nombre de San Fernando de Henares, y de ahí también, su egregia figura en piedra en el centro de la plaza de su nombre.




